¿Alguna vez miras las facturas mensuales y te preguntas si la casa te está jugando una mala pasada? No se lo está imaginando. A veces, esos números suben, incluso cuando parece que estás haciendo todo igual. O, al menos, eso es lo que parece a primera vista.
Es fácil culpar a la subida de los tipos, a inviernos más fríos o simplemente a la mala suerte. Pero, ¿y si hay un saboteador silencioso viviendo bajo el tejado? Un puñado de pequeños hábitos y detalles pasados por alto podrían ser los verdaderos culpables del derroche y el gasto. Una vez que empiezas a notar los patrones, es difícil ignorarlos. Las cosas que has pasado por alto durante años de repente saltan a la vista. Siga leyendo y quizá se sorprenda de lo que le ha estado costando más de lo que pensaba.
Dejar los aparatos electrónicos enchufados
¿Crees que apagar el televisor significa que deja de consumir energía? Pues no. Aparatos como la cafetera, la videoconsola e incluso la impresora son ladrones de energía cuando se dejan enchufados. Es lo que se llama energía fantasma, y suma y sigue. Japón ya lo advirtió hace décadas. Ahora, los enchufes inteligentes son los nuevos aliados de tu factura eléctrica.
Lavavajillas medio llenos
Poner en marcha un lavavajillas que apenas está cargado es como hacer la colada de dos calcetines. Las máquinas modernas siguen consumiendo varios litros por ciclo, esté lleno o no. Esto aumenta rápidamente la factura del agua. Esperar hasta que esté lleno hace que cada ciclo cuente, y los platos no notarán el retraso.
Uso de bombillas incandescentes
Si sigues utilizando bombillas incandescentes de la vieja escuela, estás quemando energía para obtener calor más que luz. Estas bombillas desperdician la mayor parte de lo que consumen, a diferencia de las LED, que consumen menos energía y duran mucho más. Cambiar aunque sólo sean unas pocas puede reducir tu factura en unos 75 dólares al año. Es una idea brillante que merece la pena probar.
Ignorar las fugas en los grifos
Un goteo silencioso puede no parecer urgente, pero puede desperdiciar casi 3.000 galones de agua al año. Esa pequeña fuga encarece lentamente la factura y crea el caldo de cultivo perfecto para el moho. La mayoría de las veces, basta con una lavadora barata y unos minutos de esfuerzo para arreglarlo.
Calentar habitaciones vacías
Si no hay nadie en la habitación para sentir el calor, ¿el calefactor sigue quemando su dinero? Por supuesto. La calefacción se come una parte de la factura de la luz, y calentar las habitaciones que no se usan es como quemar dinero. Los termostatos inteligentes ayudan, pero probablemente tu perro no necesite temperaturas de spa las 24 horas del día.
Descuidar el mantenimiento del frigorífico
El frigorífico no para de funcionar, y si sus serpentines están sucios o sus juntas tienen fugas, se convierte en el compañero de piso más trabajador y derrochador que tienes. Los serpentines sucios obligan a quemar más energía, y las juntas sueltas dejan escapar el aire frío, lo que significa que tu comida y tu dinero no durarán tanto.
Uso excesivo de detergente
Sobrecargar la lavadora la obliga a enjuagar sin parar, desperdiciando agua y acortando la vida útil de tu ropa. ¿Esas pastillas predosificadas? Resulta que también suelen ser excesivas. Más jabón no significa más limpieza; significa máquinas atascadas y dinero que se va por el desagüe.
Regar el césped a mediodía
Regar a mediodía es un clásico de los novatos: el césped recibe una ducha, pero la mitad se evapora antes de que las raíces tomen un sorbo. El calor echa a perder rápidamente tus buenas intenciones y, en algunos lugares, incluso puede acarrearte una multa. Así que riega pronto o tarde, y deja que el césped transmita ese aire fresco y exuberante.
Uso excesivo de agua caliente
El uso de agua caliente -desde duchas maratonianas hasta ciclos interminables de lavado- es un sumidero de energía sigiloso. Aunque el calentador de agua funciona sin parar, rara vez se le reconoce el mérito, sino que sólo aumenta la factura. Acortando las duchas, cambiando a lavados en frío y bajando la potencia del calentador, puedes reducir el consumo de energía sin renunciar a la ropa limpia.
No sellar bien las ventanas
Si sus ventanas silban cuando sopla el viento, eso significa que el calor se escapa y el frío se cuela. Las corrientes de aire pueden parecer pequeñas, pero hacen que la calefacción trabaje más de la cuenta. Un par de arreglos rápidos -como masilla o cortinas gruesas- pueden marcar una gran diferencia a la hora de mantener el calor donde debe estar.