Kennedy declaró que "actualmente no hay pruebas de una relación entre el Tylenol y el autismo", al tiempo que confirmaba que "esta relación debe establecerse ahora".
Una declaración controvertida
En una reunión de gabinete, el Secretario de Salud y Servicios Humanos de EE.UU. declaró que "actualmente no hay pruebas de una relación entre el Tylenol y el autismo", al tiempo que confirmaba que "ahora hay que establecer la relación".
Esta formulación sigue siendo muy controvertida, y para muchos refleja el deseo de fabricar pruebas en lugar de probar una hipótesis.
Estudios a menudo malinterpretados
La hipótesis de un vínculo entre el Tylenol y el autismo se basa en una serie de observaciones publicadas en los últimos diez años.
En Escandinavia y Estados Unidos, algunos estudios han observado asociaciones débiles entre la exposición prenatal al paracetamol y un ligero aumento del riesgo de trastornos del neurodesarrollo.
Sin embargo, estos resultados deben matizarse: a menudo se basan en informes de pacientes o registros incompletos, sin un control sistemático de los factores de confusión (como la fiebre o las infecciones) y, sobre todo, no son reproducibles de un estudio a otro.
Los principales investigadores coinciden en que este fenómeno merece un examen más riguroso, pero que en ningún caso implica una relación causa-efecto.
La posición oficial de las instituciones científicas
Las principales agencias sanitarias, como la FDA (Food and Drug Administration), los CDC (Centers for Disease Control and Prevention) y la OMS (Organización Mundial de la Salud), han reiterado que no existen pruebas de causalidad entre el Tylenol y el autismo.
En septiembre de 2025, la FDA anunció su intención de analizar más a fondo los datos disponibles y, en caso necesario, modificar el etiquetado del medicamento para mencionar una posible asociación.
Sin embargo, la agencia precisó que no era necesario modificar las recomendaciones de uso. En otras palabras, la prudencia científica no constituye en modo alguno una confirmación del vínculo. En cuanto a la OMS, no ha encontrado pruebas sólidas de un riesgo específico.
Para la comunidad médica, el peligro no reside en el medicamento en sí, sino en un discurso político que tiende a confundir la prudencia científica con la sospecha generalizada.
Estadísticas mundiales
RFK Jr. justifica sus comentarios comparando las tasas de autismo en Estados Unidos con las de otros países, especialmente Cuba. Las tasas de autismo registradas en Cuba parecen ser extremadamente bajas, al igual que la tasa de consumo de Tylenol.
Sin embargo, esta comparación se basa en numerosos sesgos, lo que hace imposible extraer conclusiones directas. Los investigadores señalan que las cifras cubanas reflejan un infradiagnóstico masivo, debido a la falta de estructuras y especialistas en el espectro autista. Además, el reconocimiento público del autismo se ve obstaculizado por el estigma social en el país.
En consecuencia, utilizar a Cuba como "prueba" del efecto del Tylenol equivale a confundir la ausencia de datos con la ausencia de autismo.
La frontera entre ciencia y política
Esta declaración pone de manifiesto la frágil frontera entre ciencia y política. RFK Jr., conocido por su postura crítica con la industria farmacéutica, no duda en cuestionar las "verdades establecidas" del mundo médico.
Esta dimensión política se ve reforzada por el apoyo del presidente Donald Trump, que ha hecho suyos estos comentarios, amplificando el debate público y convirtiendo una cuestión científica aún incierta en objeto de controversia mediática y política.
En este contexto, se corre el riesgo de politizar la investigación científica y comprometer la confianza de los ciudadanos en las instituciones sanitarias.