La decisión también marca el fin de la larga relación de la ceremonia con ABC como su principal sede en Estados Unidos, tras una trayectoria que se remonta a décadas atrás y que continuará solo hasta la 100.ª ceremonia en 2028, antes de que el cambio entre en vigor.
Un cambio importante
La Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas ha anunciado un importante cambio en la distribución de los Premios de la Academia, firmando un acuerdo exclusivo de cinco años que trasladará los Oscar a YouTube a partir de 2029, comenzando con la 101ª ceremonia, en una iniciativa que reposiciona la noche más importante de Hollywood en torno al streaming global en lugar de la televisión tradicional. La decisión también marca el fin de la larga relación de la ceremonia con ABC como su principal sede en Estados Unidos, tras una trayectoria que se remonta a décadas atrás y que continuará solo hasta la 100.ª ceremonia en 2028, antes de que el cambio entre en vigor.
La mayor audiencia mundial
En su comunicado que acompañaba al anuncio, la Academia enmarcó el acuerdo con YouTube como una estrategia de alcance y acceso, más que como un simple cambio de plataforma, presentando la medida como una forma de llevar el contenido de los Oscar mucho más allá de los límites de una sola cadena estadounidense y llegar a una audiencia digital verdaderamente global y siempre conectada. La organización afirmó que la asociación está diseñada para ampliar el número de personas que pueden ver y participar en su trabajo, argumentando que el cambio ayudará a la Academia a llegar a los espectadores allí donde ya se encuentran en línea y hará que su programación sea más fácil de descubrir, compartir y volver a ver en todos los mercados y zonas horarias. Tal y como afirmó la Academia: «Esta asociación nos permitirá ampliar el acceso al trabajo de la academia a la mayor audiencia mundial posible».
Una caída histórica
Durante décadas, los Oscar fueron una de las noches más importantes de la televisión estadounidense, pero su audiencia se ha reducido progresivamente a medida que han cambiado los hábitos de consumo televisivo, y en los últimos años solo se ha producido una recuperación parcial de una caída histórica: los registros de Nielsen citados por CBS News señalan que la retransmisión nunca había bajado de los 30 millones de espectadores hasta 2018, lo que contrasta claramente con el pico de finales de la década de 1990, cuando alcanzó aproximadamente los 55 millones de espectadores. El punto más bajo de la era de la pandemia fue la ceremonia de 2021, que según los informes tuvo unos 10,4 millones de espectadores, e incluso con el repunte desde entonces, los totales actuales siguen estando muy por debajo de la escala anterior de la franquicia, con unos 19,5 millones de espectadores en 2024 y unos 19,7 millones en 2025 en Estados Unidos. Ese largo declive es una de las razones clave por las que la Academia apuesta por YouTube: el alcance global de la plataforma y su ecosistema, más orientado a los jóvenes, ofrecen la oportunidad de llegar a un público que ya no acude con fiabilidad a una cita televisiva de larga duración, especialmente ahora que la Academia intenta convertir los Oscar en un momento cultural digital que se transmite a través de clips, creadores y visionado bajo demanda, en lugar de depender de una noche de televisión lineal.
Adaptarse o correr el riesgo de desaparecer
El acuerdo entre YouTube y los Oscar encaja en una ruptura más amplia con el modelo televisivo tal y como ha existido durante décadas, lo que supone una transformación más profunda de la propia Hollywood, ya que los estudios e instituciones tradicionales se enfrentan a una audiencia que, en gran medida, se ha trasladado a Internet. La televisión lineal, que en su día fue el hogar indiscutible de los eventos en directo de prestigio, está perdiendo poco a poco su influencia, ya que las plataformas de streaming se posicionan no solo como distribuidoras, sino como agentes centrales que dan forma a la cultura, los deportes y los premios. Ese cambio ha quedado patente en las propias ambiciones de Netflix, incluido su interés declarado públicamente en expandirse mediante importantes adquisiciones y los informes que apuntan a Warner Bros. Discovery y HBO como posibles objetivos a largo plazo, un escenario que habría sido impensable durante la época de apogeo del dominio de la televisión. En conjunto, estos movimientos reflejan una industria en constante cambio, en la que las plataformas tecnológicas y los servicios de streaming ya no son complementos de Hollywood, sino rivales y, cada vez más, sus futuros custodios, lo que obliga a instituciones como la Academia a adaptarse o arriesgarse a perder relevancia en un ecosistema mediático definido menos por los canales y las programaciones que por las plataformas, la escala y el alcance global.